graffiti

Hacerse oír

Montevideo fue sede, el fin de semana, del II Foro por la Paz en Colombia, convocado por 100 organizaciones políticas y de la sociedad civil vinculadas con la izquierda colombiana, brasileña, argentina y uruguaya. En el marco del evento que buscaba aportar al diálogo de paz que se desarrolla en La Habana, se organizaron distintas mesas y ponencias. En una de esas mesas, representantes de indígenas, afrodescendientes y campesinos colombianos abordaron su situación y reclamaron que se los tenga más en cuenta.

El sábado de mañana la Facultad de Ciencias Sociales (FCS) albergó -al igual que otras facultades de la Universidad de la República- mesas temáticas de trabajo para aportar a los diálogos de paz que se llevan adelante en La Habana entre la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno colombiano. Una de esas mesas fue la llamada “Comunidades en lucha por la paz con justicia social: indígenas, afrodescendientes y campesinos”, integrada por representantes de esas comunidades de Colombia, Brasil y Uruguay.

Julio Pascue Ulcue, uno de los cuatro voceros de la Coordinadora Nacional de Pueblos Indígenas de Colombia, originario del departamento colombiano de Cauca, fue el primero en hablar. La sala estaba llena de personas vestidas de remeras con lemas anticapitalistas y con insignias de movimientos de izquierda, en su mayoría argentinos.

Al iniciar su ponencia, Pascue, de la etnia nazca, dijo que para los pueblos indígenas no hay fronteras. Así, dejó establecido algo que retomaron todos los exponentes: la necesidad de unir las luchas y aumentar los vínculos entre las organizaciones de todo el continente.

También puso sobre la mesa otro tema transversal, la colonización, que según los participantes tiene su continuación en el capitalismo y en la dominación de las comunidades indígenas. “Como indígenas nos vimos obligados a una lucha frontal y desigual contra un imperio que llegó hace 523 años; ahí se nos quitó la paz”, dijo el dirigente indígena, buscando en el pasado el inicio del conflicto colombiano, que en sí mismo lleva 50 años. Recordó que “a pesar de las diferencias internas”, fue la “unidad de los pueblos indígenas la que permitió victorias” de sus antepasados.

Señaló que el problema “sigue siendo la tierra” porque las comunidades indígenas “sin la tierra no son nada”, ya que es en ella que desarrollan sus tradiciones, sus usos y sus costumbres, y lo que él y otros ponentes llamaron “su cosmovisión” (visión del mundo). “Ahí es donde viven nuestros espíritus”, agregó.

Otro de los participantes, Camilo Rodríguez Quispe, del partido Alianza Social Indígena de Colombia, advirtió que “las multinacionales están acabando con los recursos de los indígenas” y se preguntó “a quién le conviene esta guerra”. En tanto, Oscar Jerez, de la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra (ACVC), coincidió en que la tierra es el problema “central”. Dijo que en su país “más de 50% de los predios no tienen título” de propiedad y que el sistema se basa en una “dinámica por desposesión”.

El tema de la educación también fue recurrente. “El sistema educativo cada día castra más nuestro pensamiento indígena”, estimó Pascue. Luego Aiden Salgado, de la Confederación Nacional de Organizaciones Afro (Conafro) de Colombia, agregó que aunque en su país la ley reconoce a la comunidad afro, hay “casi cero” contenido educativo relacionado con los afrodescendientes. “En Uruguay estamos muy orgullosos de la educación laica, gratuita y obligatoria, pero fue la mejor manera de que se nos metiera el racismo adentro hasta a las propias víctimas”, agregó más tarde Néstor Silva, representante de la organización uruguaya Mundo Afro. Pascue terminó su exposición reclamando territorio, educación, y libertad para que los pueblos puedan tener su “cosmovisión”. Por último, dijo que no quiere una “paz excluyente”.

Luego habló Salgado, de la Conafro y ex miembro fundador de la asociación de estudiantes de Colombia. La Conafro es además integrante de Marcha Patriótica (MP), una organización que federa a organizaciones sociales de toda Colombia, cuya figura más conocida es la ex senadora Piedad Córdoba. Ella iba a participar en varias instancias del foro que culminó ayer, pero no pudo viajar por motivos familiares, según dijo a la diaria.

Salgado recordó que el conflicto en Colombia dejó seis millones de víctimas, entre las cuales hay cuatro millones de desplazados. Sobre la proporción de afrocolombianos, explicó que “no hay estadísticas fiables y confiables” y, por lo tanto, tampoco se sabe cuántas víctimas hay en esa comunidad, porque hay “un manto de exclusión” sobre ésta. Dijo que según los números “más conservadores”, los negros son “10% de la población”; sin embargo, “no hubo ni un solo afro” en los gobiernos de Juan Manuel Santos desde 2010.

Los “afro brillan por su ausencia en los centros de discusión”, afirmó. Edson Franca, de Unegro, una organización brasileña de combate contra el racismo y de lucha por la igualdad racial, y Silva, de Mundo Afro, dijeron que eso también pasa en Brasil y Uruguay.

Continuando sobre la “invisibilidad” de los afrodescendientes en Colombia, Salgado destacó que en los diálogos de paz hubo personas “solamente negras de pigmentación” pero que no representaban a su comunidad. En el mismo sentido, el brasileño Franca dijo que hace falta que “los negros hagan propuestas” y ocupen “espacios de poder” para avanzar en la defensa de sus derechos.

Luego, en diálogo con la diaria el colombiano Salgado, de Conafro, también señaló que si los indígenas aparecen “apenas” en el informe de la Comisión Histórica del conflicto, allí “los negros brillan por su ausencia”. En su país los afrodescendientes y los indígenas son las poblaciones “más empobrecidas”, a lo que se suma que la guerra se está llevando a cabo en su territorio, agregó. En ese marco, recordó los bombardeos que el gobierno desplegó desde mayo, y dijo que la mayoría de los soldados que mueren en los combates también son indígenas y negros. El último orador, Jerez, de la ACVC, también habló de los ataques del gobierno y los calificó de “masacres” por ser “indiscriminados”.

Voces negras

“El proceso de paz no se puede llevar a cabo sin inclusión de la gente afro de Colombia, pero hasta ahora nadie ha recibido el mensaje”, insistió Salgado. Reclamó la creación de una “subcomisión” en La Habana que trate ese tema, al igual que ya se hace con el de las mujeres, los indígenas y las víctimas del conflicto. Ese ámbito de negociación, integrado por representantes de las FARC y del gobierno, podría contar con la representación de Mundo Afro como facilitador, propuso. Dijo a la diaria que confía en que su reclamo sea tenido en cuenta y que, en ese caso, la participación de Mundo Afro se haría en nombre de la Articulación Regional Afrodescendiente de América Latina y el Caribe (Araac), de la que la Conafro y Mundo Afro son parte, y en calidad de facilitador, un papel similar al que desempeñan Chile y Venezuela en los diálogos de paz.

Respecto de la creación de una Comisión de la Verdad, que el gobierno y las FARC anunciaron la semana pasada, Salgado pidió que también tenga un representante afrodescendiente militante. Además, dijo que si se celebra una Asamblea Constituyente como resultado de los diálogos de paz, ésta deberá ser “representativa” porque, “de lo contrario, va a ser una Constituyente racista”, y consideró además que ésta debe ser “descolonial”, para que “todo el mundo se sienta representado” y se reconozca que Colombia es “un país diverso”.

Siguió hablando Silva, de Mundo Afro. Dijo que luego de haber sido “obligados a ser parte de los ejércitos, sucede ahora lo mismo en los partidos políticos”, porque éstos se dieron cuenta de que “los negros votan”. A “la izquierda” le reclamó que les hable “de igual a igual”, y dijo que “debemos ser todas y todos antirracistas”. Por su parte, Salgado resumió a la diaria que el reproche que le hacen a la izquierda es que “cometió el mismo error que la derecha: invisibilizar el tema afro y considerar que en el marco de la lucha de clases se resuelve todo”.

Luego, el representante de la Alianza Social Indígena de Colombia coincidió con los demás exponentes en la necesidad de que toda la sociedad colombiana esté representada en el proceso de paz.

Cuando le tocó a Franca, habló en portugués. Sostuvo que las luchas sociales tienen que ir de la mano de la lucha contra el racismo, pidió espacios democráticos para eso y destacó la “subrepresentación brutal” que sufren los afrodescendientes también en su país.

Después, Jerez, de la ACVC y de la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesinas de Colombia, dijo que “en 30 años de procesos de paz nunca se ha firmado un acuerdo” en su país. También alertó sobre el riesgo de que “las zonas de reserva campesinas sean moneda de cambio en un acuerdo con las FARC”. Estas zonas fueron creadas por ley en 1994, y “el gobierno debería estar cumpliendo” con ellas, advirtió. Por eso pidió herramientas para asegurar que se apliquen los acuerdos que se vayan a alcanzar, y que para que eso se cumpla es necesaria la unidad.

Citó como ejemplo la creación, el viernes, en una de las primeras actividades del foro, de la “Red de Parlamentarios por la Paz en Colombia”, con representantes de Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela. Dijo que el suyo es el país menos representado de ese ámbito “porque hay pocos legisladores de izquierda”. En la misma línea, consideró necesario que las comunidades rurales creen una red, junto con indígenas y afrodescendientes, para que se pueda “intercambiar y tejer lazos” en el continente.

El moderador, Andrés Pulido, de Marcha Patriótica, pidió “evitar el exterminio” de dirigentes sociales, indígenas, afrodescendientes y campesinos, e hizo al final un “mea culpa” por la falta de mujeres en la mesa, en respuesta a un planteo del público, y señaló que “las mujeres son parte fundamental del proceso indígena, negro y campesino”. Poco antes, la directora nacional de Mundo Afro, Claudia de los Santos, había aclarado que en simultáneo había una mesa sobre “Mujeres constructoras de paz, de justicia social y verdad”.

Al cierre se hizo difícil escuchar lo que se decía, porque en el hall de la facultad había tambores al son de los cuales bailaban vedettes. “Se oyen tambores de paz”, bromeó Pulido. Cuando ya todos habían dado la actividad por terminada, una mujer pidió que se hiciera “un minuto de silencio por los caídos”, algo que inmovilizó a la asistencia, poco después de que Rodríguez anunciara que habían asesinado el viernes a otro dirigente indígena.

Marina Gonzalez

La Diaria, 8 de junio de 2015

ver nota original aquí