Nº 1 – LANZAMIENTO DE LA REVISTA

NO  ES UN ESPACIO “NEUTRO”, ASUMIMOS LA NECESIDAD Y DESEABILIDAD DE UNA TRANSFORMACIÓN PROFUNDA DE LAS ESTRUCTURAS AGRARIAS

Editorial de la Revista de agronomía social Nº 0

Con enorme emoción y sentido de responsabilidad, damos luz al primer número de la Revista de agronomía social Suma Sarnaqaña, crítica y compromiso para el cambio social rural. En esta nuestra primera editorial, queremos simplemente presentar la propuesta de comunicación e invitar a participar activamente en su construcción a todos los que se identifiquen con la preocupación central que nos motiva a militar para que este espacio exista: la profundización de un modelo de desarrollo rural eminentemente concentrador y extractivo, y la necesidad imperiosa de aunar esfuerzos y reflexiones para construir alternativas al mismo. Al tiempo, iremos amplificando las experiencias de lucha, organización y producción alternativa existentes, para ir forjando caminos de superación junto a los sectores populares rurales.

Este espacio de comunicación pretende ser una herramienta de participación, reflexión y compromiso con la acción transformadora de la realidad, orientado a incrementar las capacidades organizativas y técnicas de los sectores populares del campo para llevar adelante sus intereses.

La revista no es el órgano oficial (u oficioso) de ninguna organización específica, ni política, ni social, ni cultural, ni de ningún tipo, aunque entre en relación de colaboración o de debate con alguna organización o institución. Constituye en sí misma un espacio de participación y debate abierto a todos los que compartan sus finalidades. No obstante, no es un espacio “neutro” en el debate contemporáneo por el desarrollo rural y la transformación social agraria. Asume como supuesto la necesidad y deseabilidad de una transformación profunda de las estructuras agrarias y aportar a la construcción de modelos de desarrollo rural más soberanos, más democráticos y saludables en un vasto sentido del término.

Este espacio de comunicación no busca unanimidades. Estimulará la reflexión, el debate y la polémica, siempre con una certeza: que los compañeros que escriben lo hacen con los pies en la realidad y su empeño puesto en el trabajo con y para los sectores populares rurales.

La revista pretende llegar a una gama diversa de actores: docentes, estudiantes y egresados universitarios, técnicos agrarios, maestros rurales, instituciones vinculadas al medio rural, productores familiares y asalariados rurales. Procura desenclaustrar diversos espacios de generación de conocimiento, popular y académico, para ponerlos a opinar sobre los temas que estructuran la realidad rural. Para todos ellos el esfuerzo y a todos la invitación a ser parte activa en la construcción de este rinconcito de pensamiento crítico dentro del debate rural.

Para este número fundacional invitamos a diversos compañeros a escribir, de diferentes oficios, trayectorias e inserciones geográficas. La invitación fue a realizar un artículo libre, que surgiera del conocimiento de la propuesta de comunicación en la que nos embarcamos. Es así que podrán encontrar en las páginas de este número, generosos aportes desde la educación, la agronomía, y la cultura. Vaya el agradecimiento a todos por abonar a este primer paso de lo que esperamos sea un intrincado, pero lindo camino de búsqueda y construcción colectiva.

Las razones para existir e invitar a tomar parte

Este proyecto pretende constituir una línea de trabajo que permita generar reflexión crítica y sistemática por parte de diversos actores comprometidos socio-políticamente con la transformación de las estructuras agrarias del país. Ésta herramienta, apunta a incluir la reflexión y el trabajo de todos aquellos que trabajan y piensan desde y para los sectores populares del campo, desde su inserción laboral o militante, desde el trabajo directo en el medio rural, o en el trabajo intelectual y científico volcado a estos sectores.

El trabajo en el medio rural es frecuentemente un factor de dispersión, y suele encontrarnos aislados y con dificultades para encontrar espacios de intercambio y discusión, donde volcar preocupaciones e inseguridades, donde respaldar nuestros actos en referencias colectivas, donde continuar la búsqueda de caminos de mejora.

El Uruguay vivió y vive un particular momento, donde encontramos que el retorno del estado al fortalecimiento de la producción familiar y su institucionalidad, a través de diferentes proyectos, así como el avance en los derechos de los trabajadores rurales con la ley de 8 hs., ha ocurrido en paralelo a la profundización de un modelo de concentración y transnacionalización de los recursos naturales del país, de las cadenas agroindustriales y de la apropiación de la riqueza nacional, un modelo que amplia la dependencia y la desigualdad. En este marco, es preciso generar un instrumento que nos permita ampliar la mirada, salir de la dinámica de trabajo cotidiano para volver sobre los nudos problemáticos que condicionan la realidad de las grandes mayorías del medio rural y que estructuran el proyecto de país que se está construyendo.

Además del compromiso de este espacio de comunicación con la transformación social agraria, cabría agregar la convicción acerca de la “politicidad” inevitable de los procesos de generación, transferencia y aplicación del conocimiento y la tecnología, y acerca de la necesidad que tienen los procesos de cambio social agrario de unos procesos de generación y aplicación de conocimientos y tecnologías “apropiadas” que los acompañen potenciándolos cotidianamente, tanto en materia de contenidos como de metodologías.

Es por ello que parece interesante rescatar la idea-fuerza de la “Agronomía Social”, expuesta por A.V. Chayanov, allá por la década del 20 del siglo XX, en el marco del proceso de transformación agraria provocada por la Revolución Rusa, donde dio una formalización definitiva e insuperable de la teoría de la economía campesina familiar, conceptos sobre los cuales se han construido todas las nociones actuales acerca de la “agricultura familiar” en el contexto de procesos de modernización y explotación (capitalista o socialista). Chayanov entendió que la capa emergente de los “técnicos agrarios” serían un vector fundamental en la modernización y el desarrollo de la producción campesina, mediante la integración vertical de las unidades familiares campesinas y sus comunas rurales tradicionales, en un complejo sistema cooperativo de distribución, transformación y comercialización de la producción agraria. Era, en aquellos tiempos, la formulación de un camino alternativo al de la colectivización forzada del campesino, y su integración compulsiva en un sistema nacional de expoliación orientado a construir sobre la base del subconsumo de una mayoría campesina, la “acumulación originaria socialista” de la industrialización y la urbanización que caracterizó el modelo socialista a partir de la década de los 30. El resto es historia conocida.

Pero más allá de estas circunstancias históricas y el debate intelectual y político que supieron prohijar en su hora, es interesante rescatar el rol “estratégico” que hoy también cumple esa capa de intelectuales vinculados al agro (técnicos, maestros y profesionales de diversas disciplinas) en la construcción de propuestas de transformación social agraria que integren los distintos elementos que se han ido incorporando a los procesos de acción y reflexión sobre las transformaciones agrarias (soberanía alimentaria, distribución de la riqueza agropecuaria, reforma agraria y colonización, ordenamiento del territorio, agroecología, educación popular, extensión y comunicación rural, etc.) que nos permitan caminar hacia un modelo de desarrollo rural asentado en los intereses, propuestas y expectativas de los sectores populares del campo.

Se trata de contar con un medio participativo de comunicación y difusión de ideas, propuestas, reflexiones, análisis, vinculados a la orientación antes mencionada. Se busca generar el nexo necesario entre los compañeros que trabajan y piensan, en y desde distintos ámbitos y ubicaciones sociales e institucionales, en la reforma de las estructuras agrarias y de los modelos productivos en Uruguay y los países de la región.

La idea es tener un espacio de referencia para ir construyendo un “pensamiento social agrario” apropiado a nuestra realidad, a los efectos de generar y proyectar una perspectiva crítica del modelo de desarrollo rural y agropecuario hegemónico, haciendo el “hueco” necesario para el ensayo y la difusión pública de experiencias productivas y organizativas innovadoras en materia de relaciones sociales de producción y en la vinculación de los sistemas de producción agropecuarios con el entorno medio ambiental.

Con esto se podrían capitalizar, visibilizar, tal vez potenciar muchas de estas experiencias, y a su vez generar lazos y sinergias entre muchas acciones y emprendimientos de nivel “micro” (en el campo económico, social, político o cultural) en las cuales muchos de nosotros podemos estar embarcados, generando la imprescindible “elevación de miras”, abriendo espacios de debate colectivo sobre las políticas agropecuarias, las instituciones vinculadas al desarrollo rural y su quehacer, desde una perspectiva crítica que se encuentre arraigada en la acción concreta de cada uno de los que forma parte de este espacio. Por eso lo de “crítica y compromiso”.

La invitación es entonces a construir un camino de superación social a través de la comunicación participativa y la convocatoria a la acción transformadora. De ahí parte del nombre, SUMA SARNAQAÑA, saber caminar, uno de los componentes del vivir bien suma qamaña-, que los pueblos originarios de nuestra América están impulsando como nueva referencia paradigmática, frente al modelo hegemónico de desarrollo.

EL CAPITAL FINANCIERO SE ESTÁ APROPIANDO DE LOS GRANDES ECOSISTEMAS …

Palabras del Profesor Diego Piñeiro en el lanzamiento de la Revista de agronomía social Nº 0

Buenas tardes a todos y a todas. Es un honor para mí estar hoy acá y una gran responsabilidad, porque son tantos años que me separan de este colectivo tan joven que empieza a recorrer este camino, que inevitablemente, como nos pasa a muchos, lo que se da hoy, nos hace recordar cosas que vimos en algún momento.

A lo largo de los breves minutos que voy a hablar, voy a hacer solo dos referencias personales. La primera es que cuando estaba más o menos en la misma situación que ustedes, en la misma edad, también participé en un colectivo. En ese tiempo no se llamaban colectivos, eran grupos, grupos de estudiantes de la facultad y sacamos una revista también, que se llamaba “Caminando”. Esa era la similitud y por eso quería hacer referencia a ello, porque hay algo de esto; el nombre de la revista que ustedes buscaron, hay algo que convoca, que es el de caminar, es el de proceso, es el de no estarse quieto. Pero también es el de hacerlo con otros y creo que eso, el nombre entonces de la revista sintetiza mucho, me parece, lo que ustedes están queriendo hacer. Caminando ¿hacia dónde? Bueno, creo que no sabemos, creo que justamente, que lo interesante de esta caminata que se inicia, es que es una caminata utópica. Caminamos hacia una utopía, hacia un horizonte móvil, hacia algo que no sabemos demasiado bien que es y que por lo tanto tampoco tiene un fin. De eso están construidas las utopías y estoy seguro que en este momento de la historia falta todavía tener esa capacidad de plantearse la utopía.

Comparto con el colectivo que inicia este camino, en que los procesos de generación de conocimiento, de difusión del conocimiento, son procesos políticos. Son fundamentalmente procesos políticos. Porque cualquier investigador, cualquier docente, cualquier persona cuya función es la de transmitir, como es lo de agronomía social, cumple una función política. Por los temas que eligen, por la forma como trabaja, por la forma como procesa el conocimiento, por la forma como se dirige y se relaciona con los otros sujetos sociales… Y que importante es decir esto, en momentos en que a nosotros nos evalúan por la cantidad de artículos que escribimos en inglés. Creo que la propuesta de escribir una revista como esta, es un hábito refrescante en un ambiente que cada vez se está tornando más irrespirable, el ambiente de la academia. Entonces me alegro mucho de poder estar hoy acá, porque comparto también esa forma de mirar a la agronomía o de mirar la agronomía social como prefieren llamarla ustedes.

Celebro también el rescate de Chayanov y de la agronomía social. Aquí viene la segunda referencia personal. Cuando egresé de la facultad de agronomía, muy prontamente después, entre 1971 y 1975, fui asesor, trabajé para una organización campesina, la Unión de Liga Campesina de Formosa en el Norte de la Argentina. Los campesinos estaban pasando por un proceso muy difícil, no era la expansión de la soja en ese momento sino la expansión de la ganadería. Pero también estábamos en un proceso de expulsión de los campesinos, pequeños productores, para hacer tirar abajo el monte, hacer pastos, quedarse con la tierra. Después de unos años de estar allí, por razones obvias, porque después vino el golpe del 76, que me tuve que ir, pude ponerme a estudiar y ahí me hicieron descubrir a Chayanov. Y que maravilloso cuando uno ve y entiende lo que estuvo haciendo durante cinco años y que, a lo mejor, no tenía la capacidad de abstracción o la formación como para darse cuenta de entender, comprender ese sujeto social tan particular que es el campesino, el campesinado, el productor familiar que Chayanov lo describió, lo entendió, lo comprendió como pocos… Entonces el rescate de Chayanov me parece magnífico, su propuesta anticapitalista pero también antiestatizante, que confiaba en la capacidad de organización de los campesinos, en su solidaridad. Y que veía como forma de vida y como posible desarrollo para la Rusia que en ese momento, estamos hablando de 1920, estaba en pleno proceso de movilización social. Pensaba una Rusia como sociedad campesina, como una sociedad en la cual los trabajadores, los campesinos pudiesen sobrevivir en una estructura social muy distinta a la que luego se instauró fundamentalmente en Rusia. Entonces, releer a Chayanov es un ejercicio estimulante y me parece muy lindo que ustedes lo hayan hecho y hallan captado la esencia de su mensaje que pervive casi 100 años después.

Ustedes hablan y lo mencionan, lo mencionaron ahora nuevamente en la mesa, acerca de los cambios que se están dando en nuestro agro. Son cambios de carácter vertiginoso, son cambios que nunca nos imaginamos. Yo por lo menos nunca me imaginé que esto, lo que nos está ocurriendo, iba a pasar. Son cambios fundacionales. En un artículo que escribimos con María Inés Moraes hace unos años, comparábamos lo que estaba ocurriendo en esta primera década del siglo XXI, con lo que ocurrió en la década de 1870 – 1890, cuando un grupo de empresarios del agro liderados por Ordoñana y por otros, no solo fundan la Asociación Rural del Uruguay sino que sobre todo fundan una estructura social, un sistema de producción que es el sistema de estancia que perduró durante un siglo. El Uruguay, a mi juicio mal o bien, tuvo durante todo el siglo XX un sistema de estancia como un sistema predominante de forma de producción, con algunos islotes de agricultura distinta, de “agricultura moderna”. Lo que está ocurriendo hoy es una refundación de eso, es una refundación de ese modelo, es una refundación pero muy distinta. Porque lo que ocurrió en 1870 fue, me parece, la definitiva liquidación del precapitalismo agrario y la firme instalación de un capitalismo productivo. Lo que hoy está ocurriendo es, el desplazamiento del capitalismo productivo por el capitalismo financiero, hoy es el capitalismo financiero a través de los Fondos de inversión, a través del capital multinacional, a través de los fideicomisos, a través de los grandes inversores, los que están posesionándose del campo uruguayo. Estamos entonces en un proceso de refundación de este capitalismo que creo que va a ser de larga duración.

Es claro que lo rural y lo agrario es un campo de lucha, es un campo de oposición entre actores distintos, con asimetría del lugar que tienen, de objetivos y visiones de futuro, del país que se quiere, que son distintos. Hasta hoy hemos pensado que el capital financiero está luchando, está tratando y está pudiendo apropiarse de la tierra. Yo creo que hay que pensar un paso más allá. Creo que de lo que se están apropiando, es de los grandes ecosistemas del país… ya es tiempo de que no pensemos solamente en la tierra, sino que pensemos en esta otra clave. En la clave de los servicios que prestan los ecosistemas.

Los ecosistemas prestan servicios de carácter productivo, prestan servicios para producir alimentos, para producir fibra, para producir madera y eso es lo que como agrónomos estamos más acostumbrados y podemos ver más fácil. Estamos acostumbrados a ver eso, los servicios productivos que prestan los ecosistemas. Pero estos prestan también otros servicios, como son los servicios de reproducción y reposición de los ciclos del agua, de los ciclos de los nutrientes, de la materia orgánica, de la biodiversidad. Prestan servicios de regulación del clima, de las inundaciones, de las enfermedades humanas y prestan servicios culturales vinculados al paisaje, a lo espiritual, a la recreación, a la forma de ver el mundo. Yo creo que es importante que empecemos a mirar lo que está ocurriendo desde esta otra perspectiva. Está en juego hoy la privatización y la mercantilización de esos servicios, además de la mega posesión de la tierra con fines productivos. Todavía pueden haber actores que vean a la tierra como solamente es sus aspectos productivos, pero en la geopolítica mundial y para lo que tenemos que estar preparados es para una lucha por la apropiación de los servicios de esos ecosistemas. Es ese me parece nuestro objetivo. Hace unos 10 años leí un libro de un autor francés, cuyo título es por de más sugerente, decía “¿A quién la pertenece el espacio rural, a propietarios individuales o a toda la sociedad?”. Esa es la pregunta que creo que hay que hacerse hoy, esa es la cuestión agraria, aquella famosa pregunta que se hizo Kaustky hace 150 años. En ese tiempo era otra cosa, la pregunta era diferente, para mi hoy la pregunta agraria es ¿Quién se va a quedar con los ecosistemas?. Espero que lo que la revista y el colectivo que está detrás de esta revista haga, sea ayudarnos a pensar en esta dirección. Muchas gracias.

ES UNA LUCHA QUE NOS VIENE DADA POR EL MANDATO DE LA HISTORIA …

Palabras del Maestro Miguel Soler Roca en el lanzamiento de la Revista de agronomía social Nº 0

Buenas tardes, nos invitaron a hacer comentarios que consideráramos necesarios y a mí se me hace necesario hacer un comentario para que nos felicitemos todos. Hace un rato ahí afuera, estaba la gente alegre, confiada como siempre y en su inmensa mayoría mucho más opuesta que afín a las ideas que aquí están exponiendo y comentando. Y en esta ciudad alegre y confiada, la sala está llena y está llena en pleno centro, aquí en una entidad de nuestra Universidad, queriendo ocuparse de un problema que todos sentimos como muy cercano y muy determinante y que sin embargo parcialmente está bastante lejano, bastante distante. Y por lo que hemos oído que ha sido magnifico, nos estamos ocupando del tema, también tomando una distancia temporal y buscándole raíces centenarias, porque esa no es una lucha solamente actual, sino que nos viene dada por el mandato de la historia.

Quisiera simplemente justificar por qué me siento contento y porqué felicito a quienes han estado en este trabajo. En primer lugar a mí me reconforta la edad promedio de asistentes al acto. Estoy acostumbrado a asistir a ceremonias y actos muy vibrantes, muy nostálgicos y en los que quienes participamos somos de septuagenarios para arriba; esta tarde se da el caso inverso. Y hay que alegrarse de que éste sea un movimiento impulsado desde la juventud, y alegrémonos los veteranos que podamos dar una mano aunque sea con nuestra presencia.

En segundo lugar a mí me alegra que estemos en un acontecimiento de independencia, de independencia intelectual, profesional e independencia ética; lo cual no quiere decir prescindencia de compromiso, en absoluto. Pero este es un movimiento al que yo veo nacer sin ataduras político-partidarias, que podrían ser legítimas pero que no son las de este movimiento. Creo que nos tenemos que alegrar del tono de militancia que tiene este caminar que se está lanzando en la tarde de hoy. Es un movimiento de lucha, sin duda una militancia profesional que quiere trabajar los problemas de la profesión de aquellos que se tienen que ocupar de la base física de nuestra nacionalidad, pero también que no descuidan una militancia humana. Se ocupan ustedes del problema con un enfoque humano y recuerdan seres muy queridos para mí que al estar presentes en su revista, dicen desde el principio: muchachos háganlo bien, llénense de ética, de valor para enfrentar tanta hipocresía, tanto desorden, tanto divisionismo, tantos etcéteras. Quiero destacar también que aquí en esta revista se aplica sin mayor necesidad de fundamentarlo, un principio caro a los educadores: participación. Esta es una revista colectiva de nacimiento y abierta hacia adelante, y esta apertura y esta invitación que se nos hace a que nos sumemos e incluso a que integremos, tratemos, de que se forme un colectivo social, me parece a mí que es un mérito extraordinario. No es un producto de una media docena de iluminados que se creen dueños del tema y de su interpretación, sino que lo plantean como un interrogante a todos nosotros y ojalá podamos participar. Y finalmente quisiera decir que me parece encontrar también en ustedes una preocupación internacionalista; no queremos ver la problemática agraria solamente nacional, malherida por las corrientes que brillantemente, valientemente se nos han expuesto esta tarde, sino que además desde el nombre estamos usando un lenguaje hermano pero no necesariamente el nuestro y en los contenidos hacemos lugar a problemas que afectan a pueblos hermanos que tienen otra forma de lucha agraria y sin embargo enormes coincidencias con el espíritu que anima este movimiento. Y hoy me limito a felicitarlos, saludarlos y alegrarme de haber podido asistir a un acto que más allá de su ceremonial, su protocolo habitual en estos casos, apunta con mucha autenticidad y con ese conjunto de virtudes que me he permitido señalar hacia el futuro. Muchas gracias.

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