Nº 5 – Y LA LUCHA CONTINUA

Hoy 30 de abril, es el día “Día del Trabajador Rural”. La ley que declaró esta fecha como feriado, encomienda al Poder Ejecutivo organizar, durante ese día, actividades para difundir la importancia del trabajo rural. Sin embargo, el esfuerzo de los compañeros y compañeras que trabajan en el campo está todos los días. Cuando cocinamos arroz o hacemos asado, siempre que comemos ensalada o tomamos vino, cuando agregamos azúcar al café o le ponemos nafta a la moto, cada vez que nos abrigamos con un buzo de lana o cuando preparamos la leche para la gurisada, está el trabajo rural ahí metido, ahí escondido.

A pesar de ser algo tan común, y aunque en el campo se trabaja con la naturaleza, en este sector, hasta las cosas más naturales y obvias deben ser aclaradas y repetidas.

En el acta del Grupo 23 de Consejos de Salarios (Viñedos, fruticultura, horticultura, floricultura, criaderos de aves, suinos, apicultura, y otras actividades no incluidas en el 22) hubo que recordar que ningún salario puede ser inferior al mínimo nacional. En el Grupo 22 (Ganadería, Agricultura y actividades conexas), directamente, el salario de la categoría inferior es igual al mínimo nacional, $7.920. Cualquiera que haga las compras en su casa sabe lo difícil que es llegar a fin de mes con esa plata, más todavía cuando hay niños y niñas en la familia.

Además, en el trabajo rural se cobra el ficto por alimentación y vivienda, partida que hace honor a su nombre, porque sólo en la ficción alguien puede garantizar la alimentación y la vivienda con $40 diarios que es el ficto en la caña de azúcar, o con $80 por día que es el ficto del grupo “madre” (Ganadería, etc.). Sobre este rubro, hubo que aclarar que la partida no se puede descontar del sueldo.

Últimamente, con los famosos “premios por productividad”, que son presentados como participación de los trabajadores/as en las ganancias de las empresas, el salario resulta condicionado. Ya no depende sólo del trabajo que paga, sino que se encuentra sujeto a un conjunto de factores, todos ajenos a la voluntad de los/as trabajadores/as. Aumenta la incertidumbre: nunca se sabe cuánto va a haber en el sobre de la quincena.

Cotidianamente, los Sindicatos rurales deben insistir en la necesidad de condiciones de trabajo adecuadas. Permanentemente hay que reiterar que los establecimientos deben tener lugar abrigado, ventilado y seco para la gente, con baño y agua potable. Así y todo, muchos/as compañeros/as deben soportar la lluvia o pierden el jornal. Es común trabajar sin baño, y es habitual viajar parados y amontonados, en camiones.

La ley de 8 horas es de 1915, pero en 2008 hubo que repetir y aclarar que los trabajadores/as del campo también tienen ese derecho. Sin embargo, aún hoy, muchos/as asalariados/as rurales no lo ejercen. Esta es la realidad de numerosos trabajadores/as por hora, y es la regla general para los/as destajistas, cuyas jornadas se extienden, sobrepasando incluso las 12 horas, para no alcanzar, muchas veces, ni siquiera un jornal mínimo. En 2013, como en 1962 (según cuenta Ruben Santana en: “Memorias de un peludo: de Colonia Palma al exilio en Suecia”), se sigue luchando por las 8 horas.También la seguridad social es un debe en el medio rural, donde muchísimos compañeros/as, a pesar de trabajar de “sol a sol”, están “en negro”, o en “nublado”, es decir: figuran en el BPS pero por menos jornales o con un salario inferior al que realmente perciben.

En síntesis, la precariedad (zafralidad, informalidad, sueldos bajos y pésimas condiciones de trabajo) es el pan de cada día en uno de los sectores más dinámicos de nuestra economía.

Pero no se trata sólo de una cuestión de salarios y condiciones laborales, muchos trabajadores y trabajadoras rurales tienen sueños de tierra, trabajo y dignidad: pretenden controlar, al menos parcialmente, algún medio de producción. En este rubro la respuesta ha sido diversa. En el último tiempo, muchos asalariados/as rurales han accedido a tierra y ensayan modelos distintos de producción. Sin embargo, a Ney Thedy, compañero de UTAA, lo desalojaron de una tierra de Colonización. Muchísimas familias siguen luchando por un pedacito de campo para generar eprendimientos colectivos autogestionados de producción diversa.

En estos días, se lanza una campaña sobre el Trabajo Rural donde se aclara que los derechos de los trabajadores/as rurales“no son paye, son ley”. Ojalá la consigna se comprenda, incluso a la interna del propio Estado, para garantizar que, aún en los ámbitos de mediación, los derechos no se negocian, se cumplen. Ningún derecho humano es “paye”, y la experiencia indica que para los derechos humanos no alcanza con ser “ley” para ser plenamente ejercidos.

Los ajustes y las reformas pueden mejorar algo las condiciones de vida, pero su alcance es siempre insuficiente para las necesidades de las clases subordinadas.

Hoy, como siempre, la herramienta de los trabajadores/as es la lucha organizada. En tiempos de fragmentación, conciliación y apatía, parece urgente recordar que sólo la unión de la clase trabajadora es capaz de lograr cambios estructurales, construir una verdadera Justicia y conquistar la tan ansiada Libertad.

Hoy es 30 de abril, día de lucha para los trabajadores y trabajadoras rurales, y se pondrá más lindo a la tardecita, cuando el sol se prepare para juntarse con la mañana del primero de mayo, día de todos los trabajadores y las trabajadoras del mundo.

Juan Santana
Gimena Echeverriborda
María Íngold
30 de abril de 2013
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