LAS UVAS DE AYER Y HOY

UVAS-IRA

Película
http://blip.tv/la-filmoteca-en-la-red/las-uvas-de-la-ira-1575539

Novela
http://bibliotecasolidaria.blogspot.com/2009/09/las-uvas-de-la-ira-de-john-steinbeck.html

 

 

A modo de preámbulo
Pa’ la ciudad

La historia, de a ratos aburridamente repetitiva, se ha empeñado en un continuo transitar de la población desde los territorios rurales a las zonas urbanas. Las Uvas de la ira, novela y posterior película, fue pionera en denunciar el proceso violento de expulsión de la población rural campesina necesario para la consolidación de la “revolución verde” norteamericana y sirve para graficar parte del fenómeno.Y Uruguay no es la excepción a esta tendencia histórica. El último censo agropecuario confirmó que nuestra población rural apenas supera el 5% del total, porcentaje bastante inferior a muchos países del norte cuyas economías industriales son superiores a la nuestra (eminentemente agroindustrial). En el siguiente link pueden observar los datos del Banco mundial sobre población rural de diversísimos países. http://datos.bancomundial.org/indicador/SP.RUR.TOTL.ZS No vamos a referirnos a datos concretos que allí aparecen por desconocer la forma en que calculan la población rural, pero pueden verse datos sorprendentes para comparar y para al menos cuestionar la ecuación determinista que relaciona “menor población rural” = “mayor desarrollo y bienestar” (incluso en los propios parámetros de la cultura occidental).Desde 1956 en adelante, 12 uruguayos por día dejaron el campo (unas 240000 personas, la misma cantidad de población que hoy en día vive en asentamientos irregulares principalmente en la periferia de la capital de acuerdo a datos de Un techo para mi país). En la última década fueron 4 las personas por día que dejaron el campo y el censo muestra la desaparición de más de 12000 productores (91% de la disminución son explotaciones menores de 100 ha).En el mundo y del mismo modo por estos lados, lejos de haber sido un tránsito producto del libre albedrío de los seres humanos, los procesos de aglomeración urbana han sido sin distinción forzados a través de diversos mecanismos, siempre por el interés de los sectores de la sociedad que ocupan el lugar de poder dominante. Y hay un fondo muy sencillo y perverso en la consolidación de este tránsito histórico: el hombre despojado del medio que por excelencia produce la vida y le otorga autonomía básica, necesariamente deberá someterse al mercado como fuerza de trabajo-mercancía: lo condena a reproducir el capital.

Por estos lados, el primer proceso de despoblamiento rural comienza con la colonización española y llega a su extremo con el genocidio charrúa perpetuado por el primer gobierno republicano al frente del colorado Fructuoso Rivera. Proceso violento hasta la esclavización, la eliminación física y el exterminio cultural. El segundo hito del despoblamiento rural ocurre con Latorre y el alambramiento de los campos como proceso de consolidación de la propiedad privada de las tierras, que recluyó los gauchos y criollos fundamentalmente en lo que se dio en llamar “pueblos de ratas”. Tampoco fue un proceso pacífico, lejos de eso consolidó por la fuerza una apropiación ilegítima del territorio desplazando al otro nativo local: el criollo.

Los procesos migratorios de principios del 900′ pueblan el país (triplican su población) y se produce un aumento absoluto de la población rural, pero no relativo. El aumento estuvo relacionado con la colonización y agriculturización del Uruguay fundamentalmente a través de familias inmigrantes trabajadoras. Por esta vía se le ganaba una cueriada a la Estancia, pero de todas formas el Uruguay batllista consolida un modelo centralizado en Montevideo y sin distinción operaron fuerzas centripetas de absorción de los recursos hacia las ciudades y centros poblados.
El año 50′ vio el pico de población rural (unas 450000 personas que rondaban el 18% de la población total). En aquel entonces los pueblos de ratas y las condiciones inhumanas en que vivían los trabajadores rurales abofeteaba la cara de distraído del Uruguay montevideano que se enteraba a través de las marchas cañeras y las misiones socio-pedagógicas de lo que pasaba tierra adentro, ahí donde todavía casi un quinto de nuestra gente hacía patria.
Desde entonces, crisis del Modelo de sustitución de importaciones y dictadura militar de por medio, los pobladores rurales fueron viendo bajas a partir de un ejercito enemigo casi invisible, “el progreso tecnológico”. Fue una sangría mas lenta y donde la responsabilidad del fracaso aparecía siempre sobre los hombros del agricultor y no sobre el modelo técnico-productivo y socio-económico general. La industrialización del campo, la revolución verde promovida desde un Estados Unidos ya hegemonía mundial pot-segunda guerra, empezaba a barrer como moscas a los agricultores mediante diversos mecanismos de extracción de excedentes, que dificultaba la obtención de una renta básica para las familias. La supervivencia obligaba el abandono.Y este proceso ha sido ininterrumpido hasta nuestros días. Hoy como ayer, el agronegocio no mide costos y barre de su paso lo que sea necesario para obtener beneficios. En nuestro país ha encontrado pocas resistencias, pero en la mayor parte de los países Latinomericanos no duda en utilizar la fuerza para avanzar en territorios indígenas y campesinos con los mismos métodos violentos con que colonizaron el imperio español y portugués. Hay quienes sonrien encima de algun pedestal sacralizando este tránsito como “natural desarrollo de las fuerzas productivas”, pensamiento que de tan mecanicista insulta nuestra propia condición de hombres y mujeres sujetos de historia y elimina del debate todo componente ético-político como si “sólo de pan” viviera el hombre.
Y sí, hoy como ayer el despoblamiento rural es un proceso forzado. Las armas son a veces distintas, pero lejos está de darse como tránsito armonioso. Y es que si algo es seguro es que casi ningún oriental es libre de entrar en la tierra. Son muchas las preguntas que deben interpelar esta configuración del territorio rural. Pero deseo dejar sólo tres ¿No es razonable esperar (mas acá o mas allá) nuevas crisis económicas en nuestro país dada su condición dependiente y la profundización de la crisis económica-financiera con foco en EEUU y Europa? ¿Es razonable tal distancia entre la base económica productiva y la ocupación de la población?
¿Qué fruto templará los ánimos de este pueblo para dar vuelta una tendencia que nos condena a una inevitable concentración económica y de poder? No se si serán uvas y si serán de ira sus “mieles”, pero parece imprescindible seguir machacando en esta búsqueda. Búsqueda abierta, sin mirada en la nuca, pero con la convicción de que es razonable insistir sobre la inviabilidad de una economía y configuración territorial tan concentrada.
Y hoy no tenemos marchas cañeras ni misiones socio-pedagógicas, pero los trabajadores de la naranja de Caputto, de los viñedos de Calvinor y los cañeros de UTAA continúan abofeteando al Uruguay montevideano que insiste en que acá no pasa nada y que cómo el Uruguay no hay. Meses sin cobrar, quiebra de empresa, despido de trabajadores. Distintos emergentes de un problema que viene de lejos y se acentúa con cada criollo que se va: quien manda sobre la base económica uruguaya que sigue teniendo origen en la tierra. Y hay una respuesta segura, los más, los trabajadores, no lo hacen.
Ramón Gutiérrez
Colectivo de Agronomía Social


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